Mi foto con Falcao

asJugaba Colombia frente a Túnez en el Cornellà-El Prat, Estadio del Espanyol, en Barcelona, y como yo estaba en Madrid me llamaron de Bogotá para ir a cubrirlo. La única condición que pedí fue que acreditaran también a Beatriz, en parte porque no me gusta viajar solo, en parte porque hace tiempo queríamos conocer esa ciudad, pero sobre todo porque a veces siento que yo sin Beatriz no soy nada.

Aceptaron. El día del partido fue raro para ambos, el palco de prensa se iba llenando de periodistas colombianos tratando de ser muy periodistas entre ellos: hablando durísimo por teléfono, tratando con displicencia a sonidistas y camarógrafos, saludando a los gritos a sus colegas, consultando Wikipedia y quejándose por todo. Beatriz se burlaba. Los extranjeros, muchos de ellos asiáticos, juiciosos conectándose a Internet y concentrados en sus papeles y aparatos de transmisión. Y yo, con la hoja de la alineación oficial, un portátil y el celular, piloteaba los nervios pensando de dónde sacarle tres historias a ese pecueco partido amistoso.

Beatriz, que sí estudió una carrera seria, trató de acompañarme y de jugar a ser periodista pero se aburrió rápido porque ella es espontánea y divertida, no como los que jugamos a ser periodistas de verdad. Se cansó de estar sentada y de que no pudiera prestarle atención y salió del palco, se fue a tomar fotos y luego a conocer el estadio.

Media hora después volvió muerta de risa a decirme que se había tomado una foto con Falcao. Mientras me la mostraba me contó que nadie le impidió el paso en la zona VIP y que compartió una bandeja de pasabocas con “un señor de bigotico que se parece a Mario Bros” que era el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol; un “dirigente del Espanyol canosito de gafas” que terminó siendo Joan Collet, su presidente; y con “un negrito que no supe quién era” que resultó ser el colombiano Jhon Córdoba, reciente fichaje del mismo club. Faltaba poco para empezar el partido, así que dejé a Beatriz a cargo, le di un beso y me fui a comprobar lo que me decía.

Esa noche mandé tres buenas historias a Colombia que nada tuvieron que ver con el partido -que fue un bodrio- sino con lo que vino después de la aventura que me contó Beatriz. Tenía razón: el estadio puso un protocolo de seguridad tan laxo que me permitió acceder solo y sin problema a los jugadores de ambos equipos y a sus familiares, a los camerinos, e incluso tuve una charla inolvidable de diez minutos con Jackson Martínez a pie de campo. Todo mientras mis colegas colombianos de los grandes medios trataban de adivinar alguna noticia desde la tribuna.

Y bueno, conocí a Falcao. No le pregunté nada porque si le decía que era periodista me sacaban del lugar, así que, como hizo Beatriz en su momento, solo me conformé con pedirle a un cualquiera que nos tomara esta foto con mi celular:

fotofalcao

Sé lo que están pensando, pero no soy un tipo de selfies. Esa foto, así como quedó, es lo más importante en esta historia. Cada vez que la veo me recuerda dos cosas fundamentales: el periodismo necesita menos periodistas y, nuevamente, yo sin Beatriz no soy nada.

Andrés G. Borges
@palabraseca

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